El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, quisimos realizar en nuestra residencia una actividad muy especial para homenajear a todas aquellas mujeres que, de una manera u otra, han dejado una huella importante en la vida de nuestros residentes.

Para ello, elaboramos entre todos un mural con la silueta de un gran árbol. Sus ramas fueron llenándose poco a poco de hojas pintadas de color morado, símbolo asociado a la reivindicación de la igualdad y a la lucha por los derechos de las mujeres.

Cada residente tuvo la oportunidad de pensar en una mujer que hubiera sido importante en algún momento de su vida: una madre, una esposa, una hija, una hermana, una prima, una amiga, una profesora, una compañera o cualquier otra mujer que hubiera estado a su lado, le hubiera ayudado o hubiera dejado un recuerdo especial.

En cada una de las hojas moradas escribimos el nombre de esas mujeres, convirtiendo nuestro árbol en un homenaje colectivo a todas ellas.

Mientras realizábamos la actividad, fueron apareciendo recuerdos, anécdotas y bonitas historias personales.

Además de su significado conmemorativo, esta actividad nos permitió trabajar diferentes aspectos:

  • Refuerzo del sentimiento de pertenencia, creando entre todos un trabajo común para decorar nuestra residencia.
  • Estimulación de la memoria autobiográfica y retrospectiva, evocando personas, recuerdos, acontecimientos y experiencias significativas de la propia vida.
  • Orientación temporal y orientación a la realidad, recordando la fecha y la importancia de este día.
  • Expresión emocional, dando la oportunidad de hablar sobre personas importantes y los sentimientos asociados a ellas.
  • Refuerzo de la identidad y la historia de vida, poniendo en valor las relaciones y experiencias que han formado parte de cada residente.
  • Fomento de la comunicación, compartiendo recuerdos y anécdotas con los demás.
  • Participación y creatividad, así como motricidad fina, mediante la pintura, decoración y elaboración conjunta del mural.