Como en cada cambio de estación, en nuestra residencia quisimos dar la bienvenida al verano transformando nuestros espacios con una decoración realizada por nuestros propios residentes.

En esta ocasión, decidimos llenar la residencia de color, formas y elementos relacionados con esta época del año, creando diferentes adornos de manera artesanal y trabajando juntos para conseguir que nuestros espacios transmitieran todo el ambiente alegre y luminoso del verano.

Para decorar la entrada de la residencia elaboramos unas cometas de diferentes formas y colores, utilizando materiales como cartón, lana, papel de seda y lazos.

También quisimos llevar hasta nuestra decoración uno de los grandes protagonistas del verano: el mar. Para ello, creamos unos divertidos calamares utilizando cartón, témpera y lanas, que colocamos junto a las cometas para dar a nuestra entrada un aire más veraniego y marinero.

Los residentes participaron en las diferentes fases de elaboración, desde la preparación de los materiales hasta la pintura, decoración y montaje de los elementos.

La sala principal también se vistió de verano. En esta ocasión, elaboramos diferentes flores de cartulina, y dibujos de flores que pintaron con acuarelas al gusto de cada uno permitiendo que nuestros residentes pudieran aportar su toque personal a la decoración, creando así una composición llena de color que nos permitió transformar el espacio y hacerlo todavía más alegre y acogedor.

La elaboración de los tentáculos del calamar no solo trabaja la creatividad, sino que recupera habilidades y ocupaciones significativas de la vida de los residentes. Les permitió trabajar con lana y realizar movimientos similares a los utilizados tradicionalmente en actividades de costura y labores manuales. Para algunos de nuestros residentes, este tipo de tarea supuso una oportunidad para recordar y poner en práctica habilidades que habían formado parte de su vida cotidiana, como coser, trabajar con hilos, hacer nudos o manipular diferentes tejidos. De esta manera, una actividad aparentemente sencilla se convierte también en una forma de estimular la memoria procedimental, recuperar aprendizajes adquiridos a lo largo de la vida y conectar la actividad actual con experiencias y ocupaciones significativas de cada persona.

Los residentes participaron en las diferentes fases de elaboración, desde la preparación de los materiales hasta la pintura, decoración y montaje de los elementos.

Estas actividades de decoración estacional nos permiten trabajar además diferentes capacidades de una manera lúdica, participativa y significativa:

Sentimiento de pertenencia, al comprobar que el trabajo realizado por los propios residentes forma parte de los espacios que comparten diariamente.

Estimulación de la creatividad y la imaginación, dando libertad para elegir colores, formas y diseños.

Trabajo de la motricidad fina, mediante el recorte, pegado, pintura y manipulación de diferentes materiales.

Orientación temporal, trabajando el cambio de estación y los acontecimientos propios de esta época.

Reminiscencia y evocación de experiencias personales.

Trabajo de la memoria procedimental, recuperando movimientos y destrezas aprendidos a lo largo de la vida.

Fomento de la autonomía, permitiendo que cada residente participe en las tareas que puede realizar.

Trabajo en equipo, colaborando para conseguir una decoración común.

Estimulación sensorial, a través de diferentes texturas, colores y materiales como la lana, el papel de seda, el cartón y la cartulina.

Bienestar emocional, disfrutando de una actividad creativa y compartida.